Musas

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viernes, 26 de mayo de 2017

Perpetua tregua.

Firmaría con tinta negra imborrable una perpetua tregua. Que pudieras traspasar mis fronteras, que pudiera alcanzar tus límites. Deconstruirnos para volver a construirnos. Más adultos, más vivos, más hechos. Y fundirnos a fuego lento, no a medias. Sin sentirme mal por repetirte y querer, más de mil veces, hacerlo. Lanzando hacia el abismo esa mochila que de piedras hemos ido llenando y que me ralentiza el paso y nos pesa tanto. Dejar por una vez ese absurdo juego de niños. Diagnosticar los problemas del mundo, y dar solución a los nuestros, a los que no nos enfrentamos ni profundizamos. La lava del tiempo, que te va quemando todo el cuerpo a medida que cumples años, recuerda que el dolor es más dolor si no tienes con qué aliviarlo. La soledad y la compañía te hacen constatarlo. Llegó el momento de quitar caretas, que no estamos en Carnaval. De dejar las mentiras atrás. De confesar, no ante dios, sino ante mí mismo y ante lo que queda de ti aquí, ahora. Que no hay cenizas volátiles. Que son ascuas ardiendo. Que el miedo que corroe es por querer no volver a sentirlo. Por no al lado notarte. Que es recíproco e inestable. Ambos sabemos que esto aún no ha acabado. Que quedan muchos minutos qué jugar. Pero, querida, cuantos más pasan, menos quedan para el final. Aunque bueno, quizá esté jugando solo y no me he dado cuenta de que ni el árbitro está ya. Que puede que esté guerreando contra mí mismo y nadie más.

Gregorio S. Díaz "Perpetua tregua" 

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